¡Bienvenido!

Me llamo Álex Padrón (AKA Juan Alexander Padrón García) y soy un escritor cubano. Después de dedicar 15 años de mi vida a la investigación científica y a la pedagogía, decidí dar un giro radical a mi carrera.

Por ello, y siguiendo el consejo de Confucio, encontré un trabajo que me apasionaba, para no tener que trabajar más en toda mi vida. Me dediqué al oficio de escribir, y he aquí mis niños:

Haz clic sobre la leyenda de cada libro para ir al enlace de compra

¿Por qué Álex Padrón?

Aunque mi nombre real es Juan Alexander Padrón García, mis amigos me conocen solo por Álex.

Esto no es casual: si retiran mi segundo nombre, quedaría Juan Padrón, que es el mismo nombre del genial creador de Elpidio Valdés y Vampiros en la Habana… lo cual me hice crecer con la eterna pregunta de si era familia de ese Juan Padrón.

En cuanto pude, insistí en que me llamasen Juan Alexander, pero como eso es muy largo me decanté por Álex Padrón a secas. Corto, directo y más memorable para un escritor/redactor/guionista/periodista musical… porque, al adoptar como carrera la escritura, no se puede vivir en el elitismo.

Mis principales inspiradores, Hemingway, Poe y Martí, lo sabían bien. Es genial sentarse en casa a recibir regalías de obras cumbres de la literatura (o mucho mejor, best sellers), pero hasta que eso llegue hay que poner comida en el plato y ropa sobre la piel. Como ellos, no soy un escritor de pasión: si decidí que viviría de escribir, eso significa que escribiré sobre cualquier cosa. Por ello colaboro con diversas publicaciones y genero contenido para otros usuarios de Internet.

Con el tiempo libre que resta, luego de escribir unas 2000 palabras diarias que me dan de comer, tomo como hobby escribir “en serio”. Ya hice las paces con mi dualidad de escribano/escritor, cuando luego de ganar la constancia y la disciplina de escribir mucho, comencé a escribir mejor e incluso a publicar y que me lean otros.

Eso no me lo critiquen a mí: critíquenselo (si se atreven) a Stephen King, luego de leerse su genial “Mientras escribo”. Y, como diría F. Mond, a silbar a la vía.