Plegaria

Si no fuera por quererte, no valdrían
las palabras que me empeño en regalarte.
¿Egoísta? Sí, tal vez, más solo un poco:
necesito tu calor para sanarme.

No renuncio a la triste, sola empresa,
de ponerte en un altar para adorarte.
De decirte cuán feliz estoy de verte,
cuan honrado voy de ser el que tú ames.

Aunque a veces te parezca que reniego
y te reto a que te eleves, no me mates:
pon en mí mejor la fuente de tus odios
que el desprecio de mirar hacia otra parte.

Si olvidase por error que yo te quiero
bien yo sé que tú podrías olvidarme.
Así pues, que me sirva este poema
como rezo a mi Diosa que hoy renace.

Más lo sé: no soy el único que clama.
Seré pues el ferviente, más constante.
Y si mi voz ya no alcanza a tus oídos,
marcharé con mi rezo hacia otros lares.

Y recuerda: si ya has leído hasta aquí, un “me gusta”, un “compartir” o un comentario no cuestan… pero estimulan.

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