La magia del silencio incómodo

Un silencio para unirlos a todos…

Ojalá todos la conociéramos. Más aún, la aplicáramos de forma continua a nuestra vida: muchos, muchísimos malentendidos que nos ahorraríamos. Pero ná, eso no va con nosotros. Cuando tenemos que responder, somos los más rápidos del Oeste.

Para nuestra desgracia, no los más certeros. Bien nos definió el Bardo Universal sin conocernos: “Mucho ruido y pocas nueces”.

Ese silencio incómodo

Seguro que más de una vez te has arrepentido de dar una respuesta apresurada. Pero no hay nada que hacer: como uno es dueño de lo que calla pero esclavo de sus palabra, cuando soltamos un punto de vista apresurado tenemos que defenderlo a capa y espada.

Porque sí. Porque, aunque nos arrepentimos de lo dicho, somos incapaces de dar nuestro brazo a torcer. Lo más que podemos hacer entonces es empezar a levantar argumentos sobre una base que sabemos endeble y, en el mejor de los casos, quedar expuestos y justo dónde nos quiere nuestro interlocutor.

En otras palabras, quedamos en la posición del primo de Angulo.

¡Qué diferente sería si nos concediésemos el tiempo para organizar nuestros argumentos! Porque las respuestas rápidas, incluso a preguntas agresivas y dolientes, son coces de burro emocionales y no cosa de seres pensantes.

Los fanáticos de la comunicación no verbal y las micro expresiones levantarán ahora el dedo y me dirán que más vale una respuesta directa y veloz que una pausa. Porque la pausa denota duda y, el 90% de las veces se usa para construir al vuelo una mentira. En eso coincido —yo y el manual de interrogación de la KGB—, pero esas pausas embusteras duran menos de 5 segundos como promedio.

Pero, ¿y si nos vamos más allá de lo que nuestro interlocutor-interrogador espera?

Virando la tortilla

La regla del silencio incómodo la enunció un señor llamado Justin Bariso, autor del bestseller “EQ Aplicado, Guía para la Inteligencia Emocional en el Mundo Real”. Es muy simple: ante una pregunta incómoda, un silencio incómodo. De más de 10 segundos. Y menos de 30: más allá de eso, el interlocutor o repetirá la pregunta o pensará que no le estás haciendo caso.

Cuando te quedas ese tiempo organizando tus ideas, el preguntón pasa de incomodar a sentirse incómodo: está esperando una reacción emotiva, pero recibirá una respuesta racional. Si iba por lana, será él quien salga trasquilado.

Tim Cook, Jeff Bezos y Steve Jobs son famosos por sus pausas, aplicando la regla del silencio incómodo. Si hay una audiencia, pues mejor: en el tiempo que estás pensando cómo responder, todos los presentes se quedarán en vilo esperando la respuesta. Esto cambia el foco de atención del preguntón atrevido al que responde, que la usa para balancear emoción con pensamiento.

Mientras Jobs daba una conferencia sobre cómo cambiar el futuro de Apple, alguien del público le gritó “ ¡No sabes de lo que estás hablando!”. Jobs tomó una pausa de 10 segundos —y un poco de agua también—, se aclaró la garganta y respondió:

“Puedes agradar a algunas personas en algunas ocasiones, pero…”.

Al parecer, en ese momento se percató que iba a tomar un camino que no le favorecía, así que hizo otra pausa de ocho segundos.

“Una de las cosas más difíciles cuando estás tratando de lograr un cambio es que personas, como este caballero, tienen razón… en algunas áreas”.

A partir de ahí dio un discurso brillante sobre lo que él quería hablar. El ataque se disolvió en la nada.

8 ventajas del silencio incómodo (que toda persona debería aplicar)

• Silencia el mundo exterior

• Ejercita tu pensamiento

• Llegas a la raíz de los problemas con mayor efectividad

• Das respuestas mejor pensadas y más profundas

• Equilibras tus emociones

• Puedes estar en armonía con tus valores y principios

• Dices lo que realmente quieres decir

• Aumenta tu confianza

Pero no me vas a hacer caso, porque somos así. El “no forma parte de nuestra idiosincrasia” es la fórmula universal para justificar que, si no llegamos, nos pasamos. Así que arriba, a guiarnos por nuestras emociones y responder rápido y mal, como nos corresponde por ADN. Ni siquiera hacemos el silencio incómodo cuando nadie nos oye. Miles de respuestas airadas al meme de turno en Caralibro aprueban mi afirmación.

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